Publicado: 27 de Diciembre de 2018

Si quiere perder peso sin contar calorías ni pesar alimentos, esta es su dieta, aunque en el método del doctor Fernández Corbelle también hay que hacer sacrificios.

Lleva más de tres décadas ayudando a sus pacientes a soltar lastre. Su mejor tarjeta de visita es él mismo: un hombre enjuto sin un gramo de grasa de más. Viendo a Juan Pedro Fernández Corbelle, director del centro médico Preven Salud, cuesta creer que él también tiene una tendencia genética a engordar. Hijo de padres obesos, decidió hacer medicina y dedicarse al mundo del adelgazamiento después de que su padre falleciera por un problema cardiovascular y su madre desarrollara una diabetes por exceso de peso.


Desde entonces se ha dedicado profesionalmente a reeducar a sus pacientes, a enseñarles a alimentarse. No tiene una dieta mágica tipo para todos, pero sí un método en el que, a diferencia de otros regímenes, acaba con la tediosa recomendación de pesar los alimentos y contar calorías. «A mí lo que me importa son las calorías que asimilamos y no las que ingerimos», lo dice delante de un generoso plato de jamón ibérico, el alimento estrella de sus recomendaciones para adelgazar. «A mis pacientes cuando les preguntas qué es lo que más les gusta de mi método es que les permito comer jamón ibérico, vino tinto con moderación y aliñar sus comidas con aceite de oliva virgen extra», cuenta.


Aperitivo a dieta

Fernández Corbelle defiende que se puede hacer dieta sin ser un apestado social aunque «también se debe estar dispuesto a hacer sacrificios». Para demostrarlo nos cita a la hora del aperitivo en un restaurante de Madrid con uno de sus pacientes que ya ha perdido 14 kilos. A él le anima a leer la carta y a cantar en alto lo que puede comer: jamón ibérico, cecina, boquerones en vinagre, gambas, ostras, berberechos... Al final se decanta por el plato de jamón y una ensalada de tomate con ventresca de atún. Para beber una coca cola sin azúcar y una copa de vino tinto (con menos azúcar que el blanco).



El camarero trae una apetecible ensaladilla rusa y un pincho de tortilla de patata, por confusión, que el médico rechaza como si fuera el peor pecado del mundo. Y cuenta por qué: «La clave está en el índice glucémico de los alimentos. Es lo que determinará si la comida ingerida se convertirá en grasa por culpa de la insulina». Y pone ejemplos: podemos tomar jamón ibérico, pero nunca con pan; o un solomillo y un pescado, sin tomar patatas de guarnición, ni siquiera una. Y espárragos con mayonesa, aunque nunca mezclados con patatas como sucede en la tradicional ensaladilla rusa.


«En resumen, alimentos como el azúcar o las patatas ricos en hidratos de carbono hacen que todas las calorías que hayamos comido sean asimiladas por el cuerpo. Al tomar alimentos con índice glucemico alto elevamos suficientemente la insulina en sangre y con ello provocamos que se forme grasa por parte de nuestro organismo con todas las calorías que habíamos comido».



Así que basta con sentirnos tentados con probar la tarta del comensal de al lado o una patata frita para dar al traste con un menú bien pensado para no engordar. «Es importante saberlo porque no somos conscientes de las consecuencias que tienen estos pequeños gestos y si lo fuéramos lo evitaríamos porque no merece la pena el precio que pagamos por ello».



Rica en proteínas

Íñigo, su paciente, ha perdido 14 kilos desde que empezó en verano a controlar su alimentación. «Me veía abocado a la vejez, ahora no me quedo dormido, me siento mejor y más activo. Se me iban los ojos detrás de esa tortilla de patatas que nos han puesto pero he aprendido que no me compensa. A veces sufro, pero luego me veo en las fotos de hace unos meses y las de ahora y se me pasa rápido».



Los consejos de este especialista recuerdan a la famosa dieta Atkins «pero no lo es», zanja Corbelle. «Es proteica pero adaptada a cada caso. Es un tratamiento integral individualizado. Uno de los errores del famoso libro de la dieta Atkins es que daba la misma dieta para todas las personas y cada régimen se debe adaptar a cada persona y circunstancias. Por eso, en la primera consulta necesito una hora con cada paciente». Luego la pérdida de peso debe ser lenta: el primer mes se suelen perder 4-5 kilos. «Con dieta y un poco de deporte he logrado que algunos pacientes perdieran 50 kilos. Lo importante es no olvidar que la obesidad es un problema crónico y no se cura. Solo se puede controlar, así que una persona con problemas para engordar debe estar el resto de su vida cuidando su alimentación».


¿Y cómo sobrevivir a la Navidad?

Su consejo es no ser excesivamente estrictos. Se puede comer carne, pescado, jamón, verduras, sin problemas. Pero debemos evitar combinarlo con patatas y los hidratos de carbono. Al beber, mejor vino tinto (y de más de dos años) que blanco y siempre con agua al lado para evitar tomar la menor cantidad posible. Los refrescos con edulcorantes también están permitidos. Y de postre, si podemos saltárnoslo mejor. Si no puede evitar los dulces navideños, dese un pequeño capricho, eso sí solo por un día. En enero habrá que empezar a compensar los pequeños excesos.